La realidad convencional es perspectiva, somos perspectivas. El paradigma
de conocimiento de la humanidad, o al menos gran parte de ella, se basa en la
creencia de que la realidad ultima y objetiva es asequible mediante la mera disposición
de los sentidos y la razón, y la convención de una comunidad acotada respecto
de ella. Es una creencia que ha sido refutada por físicos y filósofos, pero sin
embargo, no hay conciencia de ello, no hay experiencia de ello. Este es
problema por el cual, el conflicto humano y el sufrimiento, surgen. El Apego,
la aversión y la indiferencia muestran la postura que asumimos frente a la
perspectiva que hemos y se nos ha creado a lo largo de la historia individual,
dependiendo de nuestras experiencias, principalmente infantiles, y las
creencias y perspectivas que nos han transmitidos, y que asumimos como únicas.
Las asumimos de esta forma por una cuestión fundamental; se nos otorga una
visión de la realidad, pero no la relatividad de ésta ni el medio para
contrastarla ni compararla. Si empezaríamos con la conciencia de que no es la
única y de que cada ser de este mundo tiene y observa otra parte de la
realidad, no podríamos librarnos del sufrimientos así no más, pero al menos
tendríamos conciencia de la banalidad del apego y de la mutabilidad de los
conceptos y las realidades convencionales. Este paso, podría ser luego un
camino para la liberación, al indagar ahora, sobre una realidad ultima más allá
de todo (si es que existe) y de la innecesidad de las posturas y las
aflicciones por ella. Esto no quiere decir, desde el punto de vista moral, que
no podamos o que desprestigiemos nuestra forma de ver la realidad, sino, caso
contrario, siempre dispuesto a nutrirla y a complementarla con experiencias
ajenas, y no juzgarlas, rechazarlas, idolatrarlas o ignorarlas; sino asumirlas
como parte de una construcción de la realidad posible y existencia en dicha
parte del ser. Contemplarla.
Las herramientas otorgadas, no son para ganar el conflicto y derrotar o
subsumir al Otro, sino, caso contrario, para crecer en entendimiento y paz,
generando un rompimiento de la inercia y una liberación de las causas y efectos
a priori, decidiendo qué realidad construimos. Muchas veces permanecemos en
estados mentales que se trasladan al cuerpo y a las relaciones, que nos
disgustan y nos privan de la libertad aparente, de elegir lo que queremos y de
querer (de Amar) lo que elegimos. Estamos en un estado emocional y psicológico
que no deseamos, que nos disgusta y queremos cambiar profundamente, pero no
podemos. Se partirá aquí, de un supuesto para la mente convencional. La
dicotomía o división aparente de una realidad externa (aparentemente inmutable
e histórica, sólo transformable a partir de procesos políticos, comunitarios, y
valerosos de la construcción externa del accionar humano) y otra realidad
interna, emocional y psicológica, dependiente de los sucesos de la realidad
externa, pero que su modificación inmediata no afectaría, para la percepción
general, con mayores logros, la realidad externa. Es decir, la felicidad plena
de un ser no modificaría el sufrimiento del resto de la humanidad.
Ahora bien, una vez hecha la dicotomía correspondiente para las mentes que
requieren sistematizar, procedemos a indagar en la relación de las realidades.
La realidad externa es sólo interpretada y vista a través de las imágenes y
comportamientos que el individuo exhibe y utiliza frente a situaciones
similares, desde hace tiempo. Un hecho, en el devenir del tiempo, nunca es
igual. Las condiciones, los actores y sus efectos, cambian continuamente,
eternamente. La percepción común de que las mismas situaciones se repiten, (y el
dejo trascendental de consolarse pensando que ello sucede por una finalidad) no
es una realidad ultima, sino una percepción del individuo generado por
creencias y puntos de vista otorgados por la cosmovisión y la gnoseología
occidental, principalmente. La realidad externa, si así se la quiere llamar (o
para los más intrépidos, el Ahora en el que se encuentran) no es la misma
físicamente. Lo único que resulta de manera similar es el comportamiento del
individuo frente a esa realidad similar, para extraer de ella el provecho
deseado. Este comportamiento, fue utilizado por el individuo en su infancia,
obteniendo de ello la satisfacción de dicha necesidad que se asimila, tiempo
después, a la requerida por la realidad externa del sujeto adulto. Ahora bien, cuando
este comportamiento no genera la causa deseada, el individuo recurre a una
sarta de creencias y justificación ilusorias para consolar su realidad y su
insatisfacción. Desde las más variadas, toma mano para aplacar, momentáneamente
ese deseo insatisfecho. A esto, contribuye toda la institucionalidad
Occidental, ya que forman al sujeto como productor y no para la liberación.
Desde el Derecho, hasta la Educación, desde el Marketing hasta el consumismo,
conforman y utilizan esta insatisfacción del ser humano para la realización de
un modelo Económico-productivo, si se quiere (aunque veo que el verdadero matiz
del sistema se centra en la esclavitud mental de los seres. ¿Quien se aprovecha
de eso? No consigo verlo aún.)
Ahora bien, ésta realidad externa presenta ciertas características históricas
y vitales determinadas. La percepción e interpretación que hacemos de ella, es
producto de nuestra historia personal y nuestras creencias, no una realidad
objetiva en sí. El apego, la aversión o indiferencia sobre esta percepción de
la realidad (o sea, de nuestra historia personal contenida en un hecho), y la
utilización de la atención mental para nutrir repetitivamente siempre los
mismos pensamientos, es lo que genera el sufrimiento. Por el momento, en esta
etapa, es casi inevitable que pensamientos de distinta índole pasen por nuestra
cabeza; pero lo que genera el sufrimiento es la no-conciencia del poder que
poseemos para seleccionar a qué pensamiento (por el momento) le otorgamos
atención, y liberarnos así, de la reproducción de pensamientos indeseados, y su
consecuente manifestación en el cuerpo.
En cuanto al accionar, es inevitablemente condicionado por esta percepción
y el apego, aversión o indiferencia que sobre ella tengamos. La Libertad
empieza en el momento en que la conciencia nos de la capacidad de visualizar
esta sintomatología. Bien utilizan los medios masivos y de consumo, estas
aflicciones del cuerpo y la mente humana para realizar y llevar a cabo un
sistema productivo y una esclavización de los seres, bajo el pre-texto de que
estamos en una sociedad libre para consumir, debatir, y hacer. Cuando en la
caverna estamos, hasta lo más opaco es claridad; y nos alegramos por ello,
peleamos por la claridad fantaseada de la oscuridad más oscura.
Así, vamos dilucidando la segunda realidad anteriormente mencionada, que es
la realidad interior. Como habrás visto, desde mi punto de vista, en intima
relación donde las fronteras que las limitan no son más que creaciones dicotómicas
para la acepción primera. Frente a un problema, o ante una situación vital incomoda
y no deseada, el ser humano no consigue ver la capacidad que posee para
liberarse de su aflicción y obtener una perspectiva para, en el momento adecuado,
darle una solución. Recuerda: no hay problemas insolucionables, por que el
problema reside en la mente humana, no en las situaciones vitales. No puedes
modificar todo el “afuera”, pero si puedes modificar tu percepción de ello, y
liberarte del hecho cuando éste no está presente. A lo que me refiero es que a
un hecho conflictivo (identifícalo, recuérdalo en este momento), el ser humano
lo arrastra mentalmente a todo el resto de su día, de su vida, sin necesidad,
sino por la inconsciencia de sus capacidades. Ese hecho que ya has
identificado, es muy probable que en este momento no esté sucediendo en otro
lugar que no sea tu cabeza. Te has identificado y lo has arrastrado por toda tu
vida, no sólo contaminando los demás momentos, sino evitando la capacidad lumínica
de encontrar una salida. Que de hecho, está ahí, casi en frente tuyo, pero tú
sólo miras lo que piensas; y lo que piensas es el problema, una y otra vez!
Hasta lo sueñas! Como pretendes encontrar un alivio.
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