La ignorancia está mal vista. Si, mal vista. La vemos desde un lado equivocado. Para algunos, se utiliza la ignorancia de la mayoría (casi siempre los otros) para perpetuar el poder de unos pocos. Pero en todo caso, ¿que es la ignorancia? ¿Ignorancia es que la mayoría no vea lo que yo veo? o, al menos, ¿lo que un grupo ve? ¿Es la cultura y los valores populares, generados y mantenidos intencionalmente por quienes están en el poder? ¿Es ignorancia eso? Si eso fuera ignorancia, habría algunos sabios. Sin duda serían los educados, pero no sólo los educados ni los más educados, sino los educados hasta por ahí no más pero que, cual sangre azul, se jacta de alguna posición favorable que le hace ver las ignorancias de los demás, y posería en sí, la receta que podría cambiar las cosas. Pero... no lo hace, o lo hace a los golpes.
O acaso, ¿es ignorancia todo lo anterior? No, ya que quienes a esa concepción se oponen, más que ignorancia le atribuyen una mala intencionalidad. No ya, diciendo que son ignorantes, sino, principalmente, mentirosos. El que tiene razones para justificar su argumento, tiene también la creencia (heredada de un pasado de cruzadas) de que él tiene la razón (y cual modernista burgués ésta viene acompañada irremediablemente de La Verdad), y además él otro (siempre hay otros) sabe que él tiene la verdad (claro, quien sino!) pero la niega profundamente y la contradice, producto claro está, de esta mala intencionalidad.
Así, la ignorancia está mal vista. No es que no exista, cómo tampoco es que no exista la mala intencionalidad. Pero están mal vistas. Mal vistas porque todo lo que Es, todo lo que existe, lo vemos desde una óptica que fue mal parida. Una óptica de división y de una otredad peyorativa. Porque si viéramos ignorancia, y sabríamos de antemano que eso está dentro nuestro, e invirtiéramos todos nuestros esfuerzos en solucionarla, de seguro que aportaríamos al mundo, algo más que una crítica y una discursiva violenta, y seguro cómo personas nos nutriríamos más y ejercitaríamos la compasión y el entendimiento. Pero al suponer que toda ignorancia reside en el otro, sólo nos resta ver o cunado mucho críticar, basado en una falsa suposición de que el otro, es responsable de todo y, peor aún, de que nosotros no tenemos poder de cambio.
Ahora, sí al ver cualquier mala intencionalidad buscaramos irremediablemente las causas de esa intención que a priori juzgamos mala, y, antes de críticar o de dar razones, buscaramos con el corazón la experiencia que al otro, como sujeto, como persona, lo constituye, y lo hace ver lo que ve, y criticar lo que crítica; la cosa iría un poco diferente.
Si abriéramos el corazón, si abro el corazón, y veo como espejo mio todo lo malo que a fuera veo, y virtudes de los otros, todo lo bueno que veo y hago, la cosa iría distinto.Si parto del apriori, que frente a todo lo malo algo puedo hacer en mi para solucionarlo, y frente a todo lo bueno, algo puedo hacer para agradecerlo, la cosa iría distinta. Iría distinta, porque ni en política, ni en ciencia ni en religión, yo y el otro, o la realidad y yo, estaría separada. Todo sería Uno, como antaño, y todo matar no sería más que un suicidio.
No hay comentarios:
Publicar un comentario