¡No mires atrás!- gimió con dolor Verónica mientras se despedía. En su cara sólo corrían lagrimas y sus verdes ojos perdidos en el suelo largaban gotas de pasión. -El amor es crecer, encontrar y despedir. Volver a crecer. Si el árbol nace mirando sus raíces, no avanza. Él nace, y abandona el nido para nunca volver. Pero ¡Que doloroso nos resulta a los humanos! ¿Porqué? ¿Porque!!? ¡Acaso ni un dios escucha! ¿Ni un dios se apiada? Que dolorosa la ausencia y la distancia, ¿Cual es el consuelo de los sabios? ¡Que maravilla que las tinieblas se disipen! -Nada de eso hermana- Repuso Manuela, -Los árboles no se preguntan, no se preguntan. Los árboles crecen y mueren, y vuelven a nacer. El misterio humano, parece, se remite a un pensamiento.
No hay comentarios:
Publicar un comentario