sábado, 11 de diciembre de 2010

Reflexión Diurna...

Un parte de un escrito sobre la interpretación marxista del sistema... (nada más subjetivo que quien busca la objetividad)


La primera de las “tesis sobre la historia” escrita por Walter Benjamin sostiene que el “(…)materialismo histórico puede competir sin más con cualquiera, siempre que ponga a su servicio a la teología, la misma que hoy, como se sabe, además de ser pequeña y fea, no debe dejarse ver por nadie.” Así Benjamin intuye un marxismo renovado y enriquecido a la luz de reestablecer la comunicación del ser humano con su esencia, con la naturaleza, de la cual éste no escapa sino que forma parte íntegra. Las antiguas tradiciones teológicas o metafísicas brindaban al hombre este medio de comunicación, pero fue rota en esencia por la racionalidad técnico-científica y la concepción del trabajo como actividad del ser humano en relación a la naturaleza, vista esta como algo ajena, exterior al hombre, denotando así la idea antropocéntrica y racionalista que, desde nuestro punto de vista, el marxismo –más allá de que la obra temprana de Marx verse sobre la dignificación del ser genérico del hombre mediante la superación de la enajenación que produce el trabajo capitalista sobre los hombres y la producción- no supera, ni ve como esencial en el malfuncionamiento del sistema sino que arguye desmantelar lo oculto tras la circulación de la mercancía, pero no sostiene a la racionalidad instrumental como el leitmotiv de este trasfondo, sino que atribuye ello a los intereses de una clase de la sociedad, la opresora; reduciendo así, desde nuestro punto de vista, el análisis a la estructura económica. Así, concibiendo el trabajo como la tarea del hombre en la explotación de la naturaleza, “explotación a la que se le contrapone con ingenua satisfacción la explotación del proletariado”, la teoría escinde la realidad humana y la desarraiga de su esencia. Divide la función del hombre por sobre la de la naturaleza y concibe a este en un continuo proceso de dominación sobre esta, más allá de que sea por dignificación o lo que fuere. Por esto, sostenemos que lo fundamental del sistema capitalista no ha sido negado en esencia por la crítica marxista ortodoxa, ya que esta parte de la estructura económica, como así también de las superestructuras, pero no otorga el lugar relevante que debería tener, desde nuestro punto de vista, la racionalidad instrumental en la cosificación de las relaciones humanas y en la falta de comunicación del ser humano con su esencia, es decir, la naturaleza misma.
Por lo dicho, y visto en claro en el intento de cientifización del socialismo utópico, es que sostenemos que el marxismo parte como heredero del proyecto ilustrado y la concepción racionalista de la historia de la cual también surgen los proyectos liberales que el materialismo intenta contradecir. Por esto, ambos herederos de las promesas de la razón, no se niegan en esencia y no presupone, el materialismo, una propuesta superadora, siempre y cuando no tenga por finalidad la superación del racionalismo excesivo que acarrea la técnica de hoy en día, y el establecimiento de una mimesis del hombre con la naturaleza, del hombre consigo mismo. Se debe volver a establecer esa comunicación que el racionalismo excesivo ha aherrojado en lo más profundo de las concepciones actuales y salvaguardar las concepciones éticas y subjetivas –dentro de los parámetros de la razón, no del racionalismo- como medio posible de legitimación, más allá del proceso técnico-científico.

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